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¿Quieres saber lo que te dice tu cuerpo?
¿Te gustaría entender cómo se expresan las emociones en el cuerpo?
El dolor, las contracturas, la retención de líquidos, procesos
asmáticos, alérgicos, gases o cualquier otro desequilibrio pueden ser el
síntoma de la tensión sufrida por los distintos problemas a los que te enfrentas
cada día.
Con estas técnicas, y sencillos ejercicios, te damos una
herramienta valiosa para entender tu cuerpo, liberar la tensión, e
incluso no llegar a acumularla.
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Cómo se genera la tensión
El ser humano, desde el mismo momento en que nace, va captando
información de lo externo a través de los sentidos. El cómo viva esta
interrelación y almacene la información de lo que ve, oye, toca, huele
o deguste le hará sentirse mejor o peor, y el cerebro debe estar al
máximo posible de su capacidad para seguir recibiendo información.
Por tanto, cuando tiene un exceso de tensión, por las
distintas situaciones vividas, la concentra en una zona corporal. Cada
tipo de tensión tiene una zona concreta; cuando ésta está al máximo de
tensión se refleja con un dolor, lesión, o desequilibrio que utiliza el cuerpo
como alarma para que nos demos cuenta de que algo nos está ocurriendo en
nuestra vida: es una llamada de atención de que algo no va bien.
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Cargas Neuronales
Imaginemos que nuestro sistema nervioso es como un cable de red
por donde se trasmiten los datos de ida y vuelta, como pasa con
Internet; si hay varios internautas a la vez usándola la información llegara
más lenta a cada uno que si es uno sólo el que la utiliza. Así pasa con la
información que recorre nuestro cuerpo, tanto la que llega al cerebro desde lo
que se capta a través de los órganos de los sentidos, como las que envía el
cerebro a una parte del cuerpo para realizar una función.
Por ejemplo: si el cerebro ordena que quiere mover un brazo,
envía el mensaje a través del nervio correspondiente y éste contrae y distiende
los músculos para ello. Pero si estos nervios están ocupados con otras
informaciones (como las que almacena el cuerpo en ellos cuando hay
tensión, el ancho de banda del nervio que queda para transmitir los datos al
músculo correctamente queda disminuido), ante un esfuerzo mayor (o un
requerimiento mayor de la zona muscular para, por ejemplo, hacer un movimiento
brusco), el nervio no podrá trasmitir al 100 por 100 la información al músculo y
éste se contraerá, provocando la lesión. Si nosotros no quitamos de
alguna manera la tensión del nervio, tendrá pocas posibilidades de recuperarse
correctamente, porque la información de recuperación tampoco se trasmitirá con
soltura.
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Por tanto, cuando nosotros almacenamos la tensión, y según hemos
explicado, en nuestro cuerpo llega un momento en el que el cuerpo la expresa con
patología debido a dos posibles razones:
l 1ª: Como alarma y expresión,
para avisarnos de que algo no anda bien.
l 2ª: Como válvula de escape de la tensión,
ya no puede acumular más y la saca.
Las técnicas siguientes facilitan la recuperación del bienestar
relacionando el síntoma que percibes con la causa emocional que lo genera:
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